Voces estudiantiles como protagonistas del cambio
Se han producido movilizaciones y marchas de estudiantes en diversas ciudades de Chile. Falta de transparencia, freno a la destrucción del medio ambiente, amplio rechazo al proyecto Hidroaysén y defensa de la educación pública, son las motivaciones presentes.
Los estudiantes sienten que el mundo adulto les está dejando una herencia social y ambiental que no desean. Al verlos manifestarse en las calles de Valparaíso, Santiago y otras ciudades veo que son los mismos de siempre, pero diferentes a los de antes. Hoy encarnando la memoria de la resistencia, pero desde una nueva subjetividad.
A pesar que el mensaje publicitario los bombardea con estereotipos reduccionistas y pautas de consumo aspiracionales. Son productores de capacidades sociales críticas, sin complacencia ni claudicación ante todo aquello que está oliendo podrido en la sociedad chilena. Rechazan la corrupción y no quieren reproducir ese cinismo y doble estándar de la vida actual. Poseen muchas expectativas para darle plenitud de sentido a su vida desde sus propios contextos colectivos de base cultural y afectiva.
No están inscritos en los registros electorales o los que se inscribieron están arrepentidos. Y más que basado en relatos universales, su accionar social para hacer política, se constituye en micromundos cotidianos abiertos. Su gran habilidad es construir lazos micro-asociativos, de defensa de valores que consideran justos y de sus propios símbolos de identidad. Y los ríos del sur, como en el imaginario chileno, son parte de su propio territorio, aunque se critique que eso sea poesía.
Una de las habilidades y elemento principal que aprenden en redes sociales y en los video-juegos, como World of Warcraft, es la comunicación transparente. Por lo tanto, necesitan respuestas a todos los “por qué”. Necesitan saber lo que está pasando y desean entender cuál es su papel en el panorama más amplio. Desde ahí buscan transformar esa estructura petrificada donde todo está amarrado por las élites del poder en distintas escalas.
Los adultos nos conformamos y acomodamos con mayor facilidad al mundo que hay, vivimos más en la resignación. Los jóvenes viven en la tensión de la rebeldía porque la sociedad que palpan no les gusta, consideran que no está bien. Y quieren ser consistentes con sus ideas.
Esta movilización que se ha gatillado aparece como una forma de ejercer la plena ciudadanía, de romper la desencantada lógica del consenso y la transacción impuesta por casi 20 años. Para dar paso a la emergencia de una discusión de los conflictos reales de la sociedad chilena con mayor presencia de la sociedad civil, en la cual los jóvenes aparecen como protagonistas del cambio. Me alegra que en medio del malestar general de hoy, la juventud mantenga esa capacidad de juicio y de ser promesa para un mundo diferente. Tienen el mayor peso cuantitativo en sus instituciones educacionales y son vitales para el cambio organizacional.
Como profesor he tenido la positiva vivencia de escuchar aquello que los estudiantes pueden hacernos ver: prejuicios, ideas falsas, exageraciones de las realidades locales y todas nuestras cegueras. Así me ocurrió siendo director del colegio Altamira, cuando el año 2006, en el “mayo de los pinguinos”, nos abrimos con todo el cuerpo docente y apoderados, y “aprendimos” la experiencia de salir de la burbuja, integrando en el aula lo que estaba pasando en el mundo social. En aquella oportunidad, los estudiantes fueron actores y maestros fundamentales en la comunidad. Trajeron aires frescos al país de cómo generar innovación en la sociedad y sus instituciones. Y luego los defraudamos, las cosas no cambiaron, en lo esencial.
Un posibilidad frente a las marchas estudiantiles es descalificar o “no pescar” a los jóvenes, asignarlos a la categoría de irresponsables, de ser violentistas o de no estar aún maduros (viejos argumentos). La otra es aprovechar su potencial como líderes, agentes de cambio y voces de gran alcance.
Las preguntas de corazón que tenemos que hacernos para dejar de lado una actitud adulto céntrica.
¿Estamos dispuestos a desafiar nuestras propias creencias sobre el rol social de los estudiantes y sus saberes? ¿Queremos que nuestros hijos y alumnos repitan el modelo de sociedad que tenemos? ¿O vamos a aprovechar sus voces para dar forma a un mejor presente y futuro ?
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los jóvenes, por ser tales, siempre están en la vanguardia, lo q no pudimos hacer en la juventud, no lo impidamos en la ineptitud.
Me parece que nuestra sociedad está (al fin) comenzando a reaccionar a diversos niveles y escalas, la redes sociales muestran el descontento generalizado. Los jóvenes creen y reaccionan más rápido, los adultos medimos las consecuencias y, las más de las veces, nos quedamos sólo observando. También creo que los adultos que hemos mantenido el espíritu del cambio en nuestros corazones y nuestras mentes, más que salir a la calle, con la experiencia adquirida debemos repensar el activismo social y encontrar maneras renovadas y efectivas de cooperar con el cambio que se avecina, cambio que vemos hoy en el rostro de las nuevas generaciones. Gracias por la reflexión, un abrazo.