Guerra en Irak: anestesiando la memoria ética de la escuela
Recién encuentro este post del Juan Gelman que me sorprende por lo ciegos que estamos a la realidad de la guerra. Me entero que en USA existe la ley de psicología Kevlar (2007) que nace de la preocupación de la Secretaría de Defensa por atender las patologías traumáticas de las tropas de combate en Irak. Dice Gelman, considerando fuentes explícitas:
“Desde la Segunda Guerra Mundial, el Pentágono viene desarrollando métodos para modificar los valores éticos que las familias y la escuela inculcaron a los reclutas. El teniente coronel Peter Kilner fue muy claro al respecto: “El entrenamiento militar moderno condiciona a los soldados para que reaccionen ante los estímulos y esto maximiza su capacidad letal, desbordando toda autonomía moral. Se condiciona a los soldados para que actúen sin considerar las repercusiones morales de sus acciones, se los torna capaces de matar sin tomar la decisión consciente de hacerlo. Si no pueden justificar ante sí mismos el acto de matar a otro ser humano, probable y comprensiblemente se sentirán muy culpables y esto se manifestará en un PTSD (desórdenes post traumáticos) y dañará la vida de miles de hombres que cumplieron su deber en el frente” (The New Yorker, 5-7-04). El coronel Kilner es profesor de filosofía y ética en West Point.”
Ayudados por una sustancia, el propanolol, se pretende congelar la sensibilidad y la memoria de los soldados que han ejercido indiscriminada violencia.
La experiencia histórica del siglo XX se nos revela como una “era de extremos”.
Entrando en el tercer milenio, cuando están ocurriendo importantes transformaciones en la historia del poder, cuando el Estado nacional, mediado por un mercado globalizado, cede en su influencia ante presiones de corporaciones transnacionales que se disputan la hegemonía económica y social (el caso de Irak y su petróleo) sobre dispares territorios y miles de consumidores, la violencia y la guerra siguen siendo una de las formas principales en que se manifiesta la política mundial.
Vivimos con ello. A menos que se trate de un psicópata, toda persona que ejerce algún tipo de violencia física deliberada, con resultado de muerte para otro ser humano, queda con secuelas psicológicas y éticas. Como la guerra continúa, es necesario anestesiar la memoria del horror de los soldados, en sentido contrario de aquello que en la escuela intentaron comunicar sus profesores: la propia responsabilidad por sus acciones o la compasión por otros.
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