jul 8, 2012
jaimevaldes

Content Curator: encontrar una aguja en un millón de contextos cambiantes

Un hecho que nos concierne es la avalancha creciente de contenidos en internet. Cada hora aumenta la disponibilidad para ver, leer e interpretar millones de videos, blogs, tweets, fotografías, diarios, películas, música, arte visual, correos y contenidos digitales de todo tipo. La misma cantidad de estrellas de todo nuestro universo físico equivale al número de bits de información del universo digital.

En nuestros procesos cotidianos de trabajo, en nuestra forma de vivir y de aprender, estamos con la Web abierta todo el día, sea para buscar la información que precisemos (de simple a compleja) o para ser parte de redes sociales y comunicarnos en línea con quienes deseemos. A su vez, las empresas exploran diariamente cómo sus identidades son percibidas por los clientes en diversos entornos para conectarse a ellos de modo más cercano y refinado. Vean un ejemplo de conexión con clientes, en la primorosa Panty, cuya misión es difundir el placer de la ropa interior francesa en todo el mundo.

En tanto espacio de diversidad del dispositivo digital, la Web existe como conjunto heterogéneo de flujos desunificados, de millones de sitios y páginas formando una red  distribuida.  Nuestra experiencia de búsqueda está referida a algo que no controlamos, algo semi-ignorado y difuso, que no podemos abarcar del todo, pero que puede en cierto momento abrir sentido a una pregunta. La búsqueda y organización de contenidos es uno de los espacios más disponibles pero más difíciles en la industria de Internet. La competitividad extrema de este campo requiere conocimiento, experiencia y persistencia para tener éxito.  Recientemente está emergiendo el rol de Curador(a) de Contenidos, Content Curator o Media Curation, constituido por personas o colectivos, dedicados a la actividad de indagar-escudriñar-filtrar-organizar millones de significados bajo propósitos específicos.

Si los contenidos están aumentando, ¿hasta qué punto un rastreo en  internet, pudiera llegar a ser algo parecido a buscar una aguja en millones de pajares, de contextos y significados que cambian todos los días? ¿Qué comprensión tenemos que desarrollar en este nuevo escenario para acceder a contenidos confiables y útiles sin abrumarnos? Existen motores de búsqueda, desde palabras claves o árboles jerárquicos, como Google, que nos presenta un ranking de sitios, pero ¿qué hacer cuando se trata de cruce de contenidos complejos?  Son preguntas que están apareciendo. Preguntas frescas para viejos problemas. Preguntas vigentes en la sociedad de la información o en la sociedad red, tal como la caracteriza Castells.

Pareciera que la estrategia para trabajar en medio de la sobrecarga informativa, no es sólo adquirir las reglas correctas o las herramientas, más efectivas para buscar, procesar y seleccionar contenidos, al margen de su contexto. Es insuficiente seguir las 10 mejores recetas y tips o quedarse con dispositivos exitosos para cada problema. Quedamos cortos desde el paradigma de recoger-procesar-información-que-está-allá-afuera. Eso nos puede ayudar  un rato, pero a la larga puede abrumarnos más.

Dado que en la red nos movemos teniendo como trasfondo lo incierto, lo aleatorio, lo particular, lo concreto  y lo eventual. Más que buscar la receta,  necesitamos abrirnos a una diferente comprensión (que no es una teoría), generar un nuevo observador del fenómeno global de la búsqueda de contenidos en la Web y ser conscientes del paradigma en que nos movemos.

¿Qué tenemos a mano? Propongo tres claves, tres miradas y tres grandes habilidades a desarrollar. Tres claves que se sintonizan y convergen en el espacio del sentido y del contexto.

La primera es el manejo de la noción de complejidad y pensamiento complejo como una mirada que se acepta desde el inicio como incompleta.  Mirada que busca asumir los aspectos del caos y el desorden como categorías que juegan un papel constructivo y generativo. Como lo propio de nuestra época de cambios, de constitución de nuevas realidades, donde el futuro se está generando desde la misma pregunta que hacemos en el cotidiano. Asumiendo que no llegaremos nunca a dar con la información verdadera final. Siempre será una “verdad parcial”, un “micromundo”, que nos orientará con pistas concretas. Parafraseando el poema de Machado: internauta son tus huellas el camino nada más, internauta no hay camino, se hace camino al navegar…en un océano complejo.

La segunda mirada, desde las neurociencias y el principio de “enacción”, formulado por los biólogos Varela y Maturana.  Ellos han demostrado, con evidencia contundente, que la mente es un conjunto heterogéneo de procesos desunificados, que el conocimiento contextual y la acción perceptualmente guiada son la esencia misma de la cognición creativa. Proponen que en el acto de conocer no hay registros pasivos externos sino formas creativas de significación (enactiva),  basada en la historia de experiencias que somos en un contexto, donde lo que cuenta como relevante es inseparable de la estructura del que percibe.  ¿Qué es un contexto?  Un contexto es ese trasfondo donde opera el sentido común de modo continuo en todos nosotros. Justamente, tener manejo contextual es tener know-how acerca del trasfondo. No es un conocimiento explícito y proposicional. Más bien se trata de un conocimiento práctico basado en la acumulación de experiencia a partir de un gran número de casos.  Cognición, no es procesamiento de información para describir el mundo pre-determinado. Sino guiar las acciones en situaciones locales que cambian constantemente como resultado de la actividad del sujeto que percibe.

¿Cómo debemos entender el preciso momento de estar ahí en que aparece algo concreto y específico? Desde la noción de fenómeno emergente, donde siempre operamos en la inmediatez de una situación dada, teniendo una disposición a la acción propia de cada experiencia particular. Por ejemplo, hacemos un clic en un hipervínculo, y se nos aparece un sitio, no tenemos un control deliberado acerca de lo que encontraremos en él, pero nos enfrentamos a él desde un know how previo. Leer y buscar en la web está constituido precisamente por esas  mini transiciones recurrentes entre micro mundos que  van emergiendo. A partir de una enorme gama disponible de posibilidades de significados confiables llegamos a seleccionar una o varias respuestas desde nuestro propio trasfondo de experiencias.   La habilidad entonces para internet es aprender a navegar en contextos de significados y no de datos puntuales. Otra manera de ver la Web semántica.

Cualquier estrategia para filtrar contenidos significativos en el inmenso territorio de la Web, desde esos millones de pajares contextuales, debiera considerar esta nueva comprensión del fenómeno del conocimiento y producir resultados a partir de seguimientos  libres, asociativos y dispersos, más que seguimientos estructurados y normados.

Una tercera clave de comprensión se puede construir desde la fenomenología hermenéutica. Desde la mirada hermenéutica, (Heidegger, según Gadamer en Verdad y Método, págs 331-458), el fenómeno de la interpretación, en cualquier campo, es entendido como  ese “hacer emerger” el sentido a partir de un trasfondo de significados.

Pero significado no visto como un concepto lógico, sino como destreza en constante fluir, todo el tiempo activa, expresión de la vida misma de cada ser humano. Significado referido a unidades concretas de experiencia, familiar con el todo y con un asumir el trasfondo de la situación. Como la destreza de estar preparado en cualquier circunstancia para responder a cualquier cosa que encontramos en el camino.

La noción central de la mirada hermenéutica es la de “interpretación comprensiva”.  En la experiencia de la búsqueda en el campo de internet, siempre está presente un proyectar y re-proyectar. Tan pronto como aparece en el texto/imagen un primer sentido, el sujeto intérprete proyecta enseguida un sentido del todo. La comprensión consiste precisamente en la asociación con este “sentido previo”, que va siendo revisado en base a lo que vaya resultando conforme se avanza en la comprensión del contenido.

En el acto de interpretar o acto hermenéutico, observar ese sentido previo exige apertura. Implica reconocer opiniones anteriores y prejuicios propios que se van validando (o no) a lo largo de la misma experiencia de la comprensión. Estas opiniones previas no pueden pasar inadvertidas, tenemos que estar conscientes de ellas, de lo contrario, no escuchamos lo que se nos habla. Toda comprensión es esencialmente prejuiciosa. Eso es lo que confiere  al problema hermenéutico toda la agudeza de su dimensión. La Ilustración y el racionalismo dieron a estos prejuicios un matiz negativo, pretendían apartarlos como juicios falsos.

Navegar en la Web es interpretar, el que navega es un intérprete. Un curador o una curadora de contendidos es un(a)  intérprete. Como tal, intuye sentidos, tiene precomprensiones y prejuicios, adjudica significados, ordena y organiza. Ha tenido un proceso de continua formación ontológica (más que metodológica) en una tradición, no solo individual sino que desde una comunidad. Para él o ella, el contenido no es una unidad inmanente, independiente de su tradición. El contenido que busca está guiado constantemente por expectativas de sentido trascendentes que como intérprete posee, que preceden el asunto o tema de búsqueda. Y cuando navega, vivencia una tensión entre extrañeza y familiaridad, ese punto medio que constituye justamente la clave de la comprensión hermenéutica. La comprensión no es solamente reproducir significado sino producir uno nuevo desde mi mirada. Comprender no es comprender mejor, sino comprender de modo diferente.

¿Dónde comienza la comprensión de un texto o de una imagen? Comienza allí donde algo nos interpela y cuando suspendemos nuestros propios prejuicios. O sea, cuando tenemos una pregunta. La esencia de la pregunta es abrir y mantener abiertas posibilidades. Pero sin olvidar la historicidad propia de quien la formula. No hay experiencia de búsqueda interpretativa sin la actividad del preguntar. Toda pregunta con cierto sentido orienta en un manifiesto horizonte. El que está seguro de saberlo todo no puede preguntar nada, ni buscar nada. Todo saber y toda búsqueda pasa por una pregunta y por ser capaz de mantenerla en pie. Preguntar es más difícil que responder.

La forma más elevada de experiencia hermenéutica es la apertura a reconocer la alteridad de otras comprensiones. Apertura implica el reconocimiento que debo estar dispuesto a dejar valer en mí, algo contra mí. No es ser un mero intermediario. La interpretación no es un acto complementario y posterior al de la comprensión, sino que comprender es siempre interpretar, y en consecuencia, la interpretación es la forma explícita de la navegación/comprensión en internet.

Con la instalación de la Web social en nuestras vidas, todos somos en cierta medida curadores de contenido. Y bien pudiéramos ampliar nuestras posibilidades de ejercer acción en ella, si generamos un nuevo observador de lo que hacemos, diferente del que busca representar las verdades allá afuera, sino desde las propias experiencias previas encarnadas, desde nuestros propios mundos interpretativos, tomando como claves, aquellos significados y contextos históricos donde se inserta la información y las tendencias emergentes.

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2 Comments

  • Muy interesante tu articulo Jaime, me ayuda a tomar conciencia de mis sesiones de navegación!!

  • Jaime, las ideas provocan ideas.

    Creo que otro elemento a tomar en cuenta en el análisis de la avalancha de “data” es el estudio del “aparato” digital. Déotte (Jean-Louis) hace una distinción que puede ilustrarnos en este camino. Dice Déotte que el dispositivo es un lugar abstracto, que únicamente el aparato es epocal porque hace carne de un cruce de poderes, significaciones, prácticas, etc. Es decir, el aparato es histórico. Se articula desde ese lugar descrito por Flusser (Vilém) para la fotografía cuando refiere que la cámara posee un programa, pero que su condición programática se inserta en metaprogramas (sociales, económicos, políticos). La cámara (aparato) fotográfica es un lugar de tensión. Esta descripción podría aplicarse al aparato digital. Es decir, se trata de elaborar un mapa conceptual que pueda describir al aparato que produce en exceso y no a la elaboración de, por ejemplo, de una hermenéutica de los excesivos productos de la web. Esto tiene una ventaja operacional que, por supuesto, tomo de la estrategia de Debord (Guy) para describir al aparato espectacular. Se trataría de elaborar una descripción conceptual para encontrar el modo de operar del aparato digital en cierta inmaterialidad asfixiante que rompe la endoconsistencia propia de lo espectacular.

    Una descripción que se hace necesaria para “entender” y no vernos extraviados en una irrupción de data provocada para evitar la distancia necesaria en todo pensamiento crítico. Como dije, ideas provocan ideas y no hay llegada sino que más bien puntos de tensiones para desatar el conflicto.
    Un abrazo.

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