¿Pueden los hombres y las mujeres construir su sociedad? ¿Es la condición humana demasiado compleja o simple para que pueda ser transformada por la voluntad de las personas o por los movimientos sociales?
Son preguntas históricas que pueden servir de eje en los programas escolares de Ciencias Sociales e Historia. Desde ellas se despliega un conjunto de problemas, no sólo derivados de procesos históricos precedentes, sino del propio escenario mundial y nacional actual, cuyo análisis debiera ser diseñado sistemáticamente por los docentes de sociales para indagar y deliberar en clases, si desearan interesar a sus estudiantes.
¡Y vaya ejemplo contingente el que constituye el golpe de estado en Honduras para aprender de la historia comparada de América Latina!
Sin embargo, estas preguntas no siempre aparecen, llegando a ser cuestionadas por parte de un sector de profesores con visión conservadora de la historia, quienes adoptando una postura hostil más de fondo, manifiestan un sutil rechazo al constructivismo implicado en ellas. Tanto creen en la armonía de las costumbres y de la experiencia práctica acumulada que no cuestionan la naturaleza histórica del poder. Para qué cuestionar nada, eso sería “hacer política” o sería mostrar el lado feo de la historia. Para qué mostrar eso en las clases de historia a los niños del mundo.
Efectivamente, dicha postura historiográfica conservadora, se funda, entre otros elementos, en la existencia de un pretendido orden neutro y espontáneo de las cosas, particularmente en las relaciones de mercado, como autorregulación armónica de todo lo que acontece en la economía, incluyendo el medio ambiente. Lo que, por un lado, argumenta la imposibilidad de la intervención política del estado en la vida económica, y por otro niega cualquier deliberación y crítica al orden socioeconómico establecido.
Es claro que detrás de esta postura se vehicula un rechazo al análisis de la política, como análisis de poder, incluyendo sus dispositivos y técnicas. Se evita abordar desde su óptica, los problemas que surgen de las cambiantes realidades emergentes y los conflictos que estallan en distintos ámbitos en nuestra época actual. Problemas tales como los siguientes, por ejemplo. ¿Qué explica la retirada del estado nacional y de la sociedad civil frente al capital, en un contexto de globalización económica y cultural? ¿Qué rol juega la política y los medios en la nueva economía mundial? ¿Qué podemos decir en un análisis de las estrategias de poder desarrolladas por los distintos actores? ¿Cómo podríamos examinar la relación de correspondencia entre libre mercado y democracia a la luz de diversas experiencias históricas?
Pero observamos algo más. Esta postura de desentenderse de un análisis del poder es reforzada por la influencia de un humanismo de vertiente moralista. Una visión que dice algo más o menos como lo siguiente: “cuanto más renuncies a ejercer tu poder y cuanto más sometido estés a lo que se te impone, serás una mejor persona”. Algo así se manifiesta en la actitud de evitar el conflicto y hacer lo “políticamente correcto”, comportándose de una forma que sea del agrado de todo el mundo. La pregunta es qué elementos de la política en tanto ciencia social, que aborda precisamente los conflictos del poder, en todo escala, incluyendo, los del saber como poder, podemos introducir en nuestras clases. Y ello no implica dejar de creer en la libertad o de tener esperanzas en un mundo mejor.
Maquiavelo fue uno de los primeros en mostrar que la vida política no es idílica. En ella hay revueltas, tumultos, engaños, simulación y violencia. Luego Spinoza abordará el tema de las pasiones humanas vinculadas a ideologías y religiones como dinámica de convivencia social entre unos y otros. Marx intentará demostrar la lógica de opresión y explotación del proletariado bajo el capitalismo, criticando a quienes moralizan con ello en vez de plantearse formas efectivas de emancipación y transformación social. De otro lado, Freud planteará la racionalización de las acciones humanas como una máscara que encubre el choque interior de los instintos. O Foucault para quien las relaciones de poder están presentes en todas las relaciones sociales, incluyendo la escuela y los cuerpos. O sea, la clase de historia abordada desde el tema del poder.
¿Es posible llevar abiertamente estas discusiones a estudiantes de todos nuestros liceos y colegios, incluyendo aquellos pertenecientes a los colegios de la élite social vinculada al poder económico, social y simbólico?
Importante discutirlo. Es aprender a ser sujeto consciente de su propia historia. Es aprender a desarrollar el pensamiento histórico y otra comprensión de la política como misión de la escuela.