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Se ha puesto de moda salir a captar jóvenes para campañas electorales o mostrarse mediáticamente cual fiel representante de la actual generación como base de postulación para las elecciones próximas.

¿Acaso se terminó esa principalidad de la cultura anciana, patrimonial, basada en la experiencia, la memoria y el asentamiento sedimental de lo ya sabido?, como propuso José Luis Brea en un artículo titulado “Todas las fiestas del futuro cultura y juventud (s21)”, muy recomendable de leer para mirar estas situaciones nuestras.

Dado que es esa misma cultura adulta la que carece de respuestas satisfactorias frente al mundo que tenemos y al que se nos viene encima, es que se pretente incluir imágenes de jóvenes ya plegados a la campaña.

Brea agrega el siguiente argumento que me hace sentido. No es que la cultura juvenil posea respuestas, sino que en ese carecer de alguna, ella se siente cómoda, está en su sitio. Porque las actuales sociedades son “sociedades de riesgo” (Ulrich Beck), son sociedades de inseguridad en las que el nuevo sujeto, (o sea, ¡todos nosotros!), se encontra sometido a una infinidad de movilidades (territoriales, físicas, sociales, económicas, de clase y creencias, afectivas…) que le dificultan consolidarse con una identidad estable. Un sujeto que carece de estructuras firmes y estables que soporten su existencia -Estado, Tierra, Patria, Religión, Familia-, enfrentando contínuamente el desafío de su construcción permanente.

De esta manera, el modo de ser del joven se convierte en el modo de ser paradigmático del sujeto contemporáneo.

¿Discutible? Para mí, buena hipótesis. A este sentido, si se quiere más general y abstracto, conecto una experiencia concreta que viví hace unos meses.

Junto a equipos directivos, estudiantes, docentes, ex-alumnos y apoderados del Liceo de Aplicación, tuve la oportunidad de participar en la elaboración de su proyecto educativo y en la discusión de un ante proyecto arquitectónico de rehabilitación y ampliación de su histórico local de Cumming, declarado inhabilitado luego del desplome de su histórico túnel en agosto del 2008.

En momentos bastante críticos, pude constatar de cerca el valor de este liceo y de sus jóvenes. “Un liceo inteligente, una comunidad viva”, fue como caracterizamos el perfil de esta institución educativa emblemática. Aún cuando muchas de las dificultades se siguen manteniendo, quiero hacer visible el poderosos espíritu de su alumnado.

A manera  de testimonio de este modo de ser paradigmático del joven del Aplicación, coloco un extracto del texto del Proyecto Educativo, lo que concierne al perfil del alumnado del liceo, su imaginario de significación, su caracter y vivacidad. Lo interesante es que fue articulado y editado a partir de talleres sucesivos y una jornada en que participaron todos ellos.

Pueden ver algunos aspectos del proceso y el documento final en este blog o en el sitio web del centro de padres y apoderados.

La pregunta queda abierta: ¿qué hace que en esta época los jóvenes “la lleven”?

 



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1 comentario a este artículo
  1. Mario Dijo:
    July 14th, 2009 at 7:35 pm

    Como siempre no dejas de sorprenderme


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